martes, 24 de julio de 2012
Sintonizo Channel Orange
Necesitaba un poco de aire fresco. Salir de la pista de baile, sentarme en la barra y mirar a las botellas del fondo. Tumbarme en la hierba y mirar las estrellas. Andar descalzo por el desierto. Cerrar un círculo de diámetro incierto. Volver donde solía esconderme de pequeño. A esas canciones en las que me sentía como en casa. A mi habitación. A la piscina. A los veranos despreocupados. A los amores ocultados y no correspondidos. A mirar de reojo desde mi bicicleta, profundamente decepcionado sin un primer amor. Sin cerrar mi estallido emocional. Sintonizo un Canal Naranja. Frank Ocean relata los recuerdos que yo no tengo y que no pude vivir. Un beso en el campo de fútbol, un helado compartido, mensajes de amor entre amigos. Son recuerdos que no existen, porque nunca tuvieron lugar.
Channel Orange de Frank Ocean, me hace revivir a mis casi 30 años, aquellos veranos de amor de juventud que nunca tuve. Compartiendo una misma filosofía: él nunca nos quiso, nunca nos besó.
Para colmo lo hace desde el estilo musical que más me gusta y en el que me faltaba un referente así. El r&b ha sacado su primer artista del armario, haciendo que todos los seguidores de este estilo ¡por fin! podamos identificarnos. Aunque el r&b raramente destaca por sus historias, Frank Ocean ha conseguido narrar y crear un mundo nuevo. No solo por todo lo que aporta el descubrimiento de su sexualidad, si no porque ha construido con un lenguaje conocido y manido,algo novedoso. Suena a Marvin, a Prince y a Stevie. Pero también a Brandy, Aaliyah, Mariah. Los recovecos de estos artistas van más allá. Es como si tomara el testigo de Drake y Kanye más íntimos, para llevarlo un paso más allá. Destacando vocalmente mucho más que ellos y melódicamente mucho más rico.
En Channel Orange hay hits instantáneos para el resto de mi vida. Forrest Gump es infalible, no había escuchado algo tan increíble en millones de años. La sensibilidad de Pink Matter, la exhortación de Bad Religion, la crudeza de Sierra Leone, el juego sonoro de Crack Rock, la épica de Pyramids, la efectividad de Super Rich Kids y Sweet Life. No sobra nada, los coros son perfectos, los arreglos de todas las canciones están extremadamente cuidados sin caer en la sobreproducción.
Lo que nos advirtió con Novacane, Swim Good o Wedding Song se ha consolidado en este disco. Y es un talento inmenso para crear un mundo narrativo y sonoro propio. Hecho de millones de cosas. Entre esas cosas mis recuerdos.
Gracias Frank
domingo, 15 de julio de 2012
Insondable
Hace tanto tiempo que no me visitas, que parece que el tiempo se ha parado en una imagen congelada. Como si cien demonios se hubieran quedado ardiendo en una eternidad dolorosa. Pero te perdono.
Ya me ves, tanto tiempo huyendo del cristianismo y te acabo redimiendo. Así somos los conversos. Incongruentes y pasionales. Nada nuevo bajo el sol.
En estas lecciones de vida, del día a día. Del segundo a segundo. Donde la ansiedad se escapa por mis ojos, durante horas. Estoy aprendiendo nuevos capítulos y nuevas películas. Largometrajes de mi mismo que desconocía. Un grito, un llanto, un corazón acelerado. Sin saber cuando van a aparecer en escena. Son el efecto sorpresa. Mi doppelganger. Con el que junto mi cabeza frente al espejo. Él siempre sonríe, yo también. Pero yo lo hago con miedo. No nos entendemos. Somos un todo partido por un eje simétrico. Una alegoría bastante aburrida. Una línea discontinúa y discreta que nadie se molesta en descifrar. Es solo un sentimiento insondable. Una conexión bipolar.
Ya me ves, tanto tiempo huyendo del cristianismo y te acabo redimiendo. Así somos los conversos. Incongruentes y pasionales. Nada nuevo bajo el sol.
En estas lecciones de vida, del día a día. Del segundo a segundo. Donde la ansiedad se escapa por mis ojos, durante horas. Estoy aprendiendo nuevos capítulos y nuevas películas. Largometrajes de mi mismo que desconocía. Un grito, un llanto, un corazón acelerado. Sin saber cuando van a aparecer en escena. Son el efecto sorpresa. Mi doppelganger. Con el que junto mi cabeza frente al espejo. Él siempre sonríe, yo también. Pero yo lo hago con miedo. No nos entendemos. Somos un todo partido por un eje simétrico. Una alegoría bastante aburrida. Una línea discontinúa y discreta que nadie se molesta en descifrar. Es solo un sentimiento insondable. Una conexión bipolar.
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