viernes, 30 de marzo de 2012

Un puñado de sombras

Conozco el vértigo de mirarte a los ojos. La desesperación del silencio entre mentiras. Me dejas medio corazón partido, que yo escondo en la arena. Laura ¿Con quién juegas?


viernes, 16 de marzo de 2012

Como un puma

¡Nos hemos equivocado!

¿Cuántas veces tuve que escuchar en silencio la misma exclamación? Perdí la cuenta.  
Estaba cansado de oírte. Como un martillo repitiendo, una y otra vez, las mismas palabras. Sin consuelo y sin consideración. Un lánguido suspiro. Una putada certera.

Nos conocíamos de poco. Pero de poco servía el esfuerzo de seguir tirando de ti. El bosque era denso, la humedad nos lloraba en las manos y el aire se condensaba en los dientes. Desconocíamos la salida. Íbamos en círculos o en zig-zag o encadenados o sin saber ya la forma exacta. Sabíamos que era una tortura seguir uno al lado del otro.

Mi mirada se chocaba con tu frente. Tu mirada rebotaba en el espacio. Mi asco era consecuencia de tu desesperación. Tu desesperación era fruto de mi presencia. 

Saltábamos piedras, subíamos senderos, pero jamás tu mano tocó la mía, tu hombro sirvió de ayuda o mi espalda de cobijo. No éramos la salvación del otro. Pero tan pronto como empezó a anochecer, la lluvia explotaba como granadas bajo los pies. El barro subía como una serpiente, encadenada. El tiempo se detenía y el hambre.., el hambre nos devoraba.

¡Nos hemos equivocado! - dijiste. ¡Desde luego! - pensé. Pero no perdí un segundo en contestar. Solo choqué de nuevo mi mirada en tu frente, pero esta vez el miedo se apoderaba de tus ojos.

El espacio se inundaba de sombras. De silbidos. De caricias de insectos. De ladridos. De espanto.

Mi mano se apoderó de tu cara. No podía parar de empujarte, mientras apuntalaba mi mirada en tu frente. Tu miedo correteaba por mi mano, mientras sentía tu respiración como un tornado en mis dedos.  Estabas débil y yo cansado. Pero mi odio me daba fuerzas. Tu miedo te anulaba.

Me sentía como un puma, espíritu de lo terrenal. Cazando a mi presa. Absurda cacatúa que no paraba de encenderme. Apenas te conocí supe que tendría que matarte.

Hacías esfuerzos por empujarme, pero mi dedo presionaba tu yugular. Tu garganta era barro en mis manos. Miré a tus ojos de cóndor carroñero, tornaban blancos. Mientras mi satisfacción era inmensa.

Pude sentir tus últimas exhalaciones, tus últimos latidos. 

Yo me fui lejos como un fantasma.


PeQueÑo DeSaSTRe y eL eQuiLiBRio iMPoSiBLe

Dejando atrás a Pequeño Desastre y sus Ovejas Nocturnas..., relanzándome desde el centro del mundo. Equilibrando el instante, calibrando el momento. Creciendo